jueves, 4 de junio de 2009

El silencio que yo, tú y ella conocemos


Se ha dicho que el silencio es una fuerza; en otro sentido lo es, terrible, cuando está a disposición de aquellos que son amados. Acrece la ansiedad del que espera. Nada nos incita tanto a aproximarnos a un ser como lo que de él nos separa, y ¿qué muro más infranqueable que el silencio? Se ha dicho también que el silencio era un suplicio capaz de volver loco a quien estaba condenado a él en prisiones. Pero ¡qué suplicio, mayor aún que el de guardar silencio, el de soportarlo de parte de aquél a quien se quiere! Roberto se decía: Pero ¿qué hace, que hace que calla así? Sin duda me engaña con otros. Se decía asimismo: ¿qué he hecho yo para que calle así? Tal vez me odie, y para siempre. Y se acusaba. Así, el silencio le volvía loco, en efecto, de celos y de remordimiento. Por otra parte, este silencio, más cruel que el de las cárceles, es a su vez una cárcel. Es un tabique inmaterial, sin duda, pero impenetrable, capa interpuesta de atmósfera vacía, pero que no pueden atravesar los rayos visuales del abandonado. ¿Hay luz más terrible que la del silencio, que no nos muestra una ausente, sino mil y cada una de ellas entregándose a alguna otra traición?
De El mundo de Guermantes. En Busca del tiempo perdido. Marcel Proust

2 comentarios:

La Radio de Darwin dijo...

Voy lista, ¿verdad?....

kilometrica dijo...

No es k vayas lista, es que eres monísima de la muerta y no tienes igual hija, con esto se desmayan. Previa cogida de ficha, ya sabes, je, je. Un beso para la mejor. Kilo