lunes, 25 de enero de 2010

El deseo,

ese escurridizo aprendiz que te tira de la manga de forma siempre inoportuna y
al que te ves obligado a mirar si no quieres quedarte sin camisa en plena calle.
Tal es su poder que olvidamos las preocupaciones del día a día.

Andas por la calle tras su olor,
como un niño que busca con los ojos muy abiertos un caramelo que promete ser maravilloso porque hace semanas que no prueba uno.

El deseo, el mayor de los dictadores,
ese que nos obliga o ofrecerle, sea la hora que sea, pleitesía
para olvidar en un pis pas aquello que somos.

Nuestra esencia derretida tras una nube de humo.
el alma en la cuchara,
esa que será absorbida de una sola lamida
para dejarte con todas las puertas abiertas, frágil ante la nada, con el vacío de la esquina desconocida derramado sobre tu barriga.

Ay¡¡

Menos mal, que me gusta la brisa que corre por los cruces y el movimiento.

3 comentarios:

Daniel dijo...

Ondió Kilométrica, que te has tomado?

13 dijo...

Feber

Daniel dijo...

yo quiero